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IV FSA

Indígenas denuncian y enseñan en Asunción

En el IV FSA, destacan los representantes de los pueblos originarios

quarta-feira 25 de agosto de 2010, por Daniel O. Sotelo,

Del 11 al 15 de agosto pasado se realizó en la capital de Paraguay el 4° Foro Social Américas, el cual se caracterizó principalmente por la transmisión de experiencias, denuncias, promoción de la diversidad cultural y presentación de propuestas por parte de luchadores sociales y representantes de la sociedad civil.

El evento, enmarcado dentro de los principios del “Foro Social Mundial”, reunió a representantes de las diversas fuerzas de la sociedad civil, y fue de una magnitud tal como pocas veces se ve en Asunción, al contar con delegaciones de casi todos los países del continente, además de otras partes del mundo (Europa, Asia). En los cinco días de discusiones fue notoria la presencia principalmente de organizaciones de obreros, vecinales, pacifistas, defensores de los DD.HH., ambientalistas, campesinos, estudiantes, feministas, homosexuales, e indígenas.

El lema del evento fue “¡Ñane Amérika tee oñemongu’ehína!” (En Guaraní: ¡Nuestra América está en camino!), y se estructuró a través de actividades autogestionados, cogestionadas y centrales, todas las cuales se presentaron como conferencias, paneles, debates, exposiciones y talleres. Los seis ejes de trabajo fueron:

1. Alcances y desafíos de los procesos de cambio en el hemisferio: post-neoliberalismo, integración, socialismos, Buen Vivir / Vivir Bien y cambios civilizatorios.

2. Estrategias de militarización y dominación imperial, y alternativas de resistencia de los pueblos.

3. Defensa y transformación de las condiciones y modos de vida frente al capitalismo depredador. La Soberanía Alimentaria como núcleo de nuevos equilibrios de vida.

4. Las disputas hegemónicas: comunicación, culturas, conocimientos, educación.

5. Pueblos y nacionalidades indígenas originarios y afrodescendientes: el reto de la plurinacionalidad.

6. Memoria y justicia histórica.

Importantes referentes sociales y políticos tomaron parte del evento, incluyendo a los presidentes de Paraguay, Bolivia y Uruguay. Aparte, se presentaron de un buen número de actividades actividades artísticas y culturales (cine, teatro, danzas, música, etc.).

Delegaciones como la boliviana, ecuatoriana y guatemalteca estuvieron formadas principalmente por indígenas y resaltaron por la calidad de las ponencias y conferencias que organizaron. También los indígenas paraguayos estuvieron presentes, principalmente dentro de paneles organizados por dependencias estatales (Ministerio de Educación, Secretaría de Acción Social, etc.), pero prácticamente en ningún caso como asociaciones autogestionadoras.

En el Foro se percibió una notoria diferencia entre la capacidad organizativa y conquistas logradas por los indígenas de otros países con respecto a los del territorio paraguayo; hecho que alerta sobre su precaria situación, y que se debería a diversas circunstancias históricas, geográficas y culturales; por ejemplo, que los indígenas que sobreviven en el Paraguay forman no muchas y reducidas poblaciones, algo que además ha puesto en peligro de desaparición a más de una etnia; con toda su riqueza cultural, su idioma y sus saberes.

Durante el evento, el protagonismo lo robaron dos ideas originadas en la sabiduría de los pueblos indígenas americanos, como alternativas a la crisis ambiental, y todavía hoy novedosas: la lucha por los Derechos de la Naturaleza (Pachamama o Madre Tierra) y la búsqueda del “Buen Vivir”(sumak kawsay en kiwcha). Este último concepto ha sido recogido en la constitución boliviana (2007) como suma qamaña (bien vivir), ñandereko (vida armoniosa), yvy marae’ŷ (tierra sin mal) o teko kavi (vida buena), y posteriormente en la constitución ecuatoriana del 2008. La idea constituye un paradigma alternativo -al neoliberalismo principalmente-, que busca ser fuente para una mayor calidad de vida, ligada a la satisfacción de las necesidades; basándose en el respeto a la naturaleza, la sustentabilidad, la diversidad, la soberanía cultural y alimentaria, y la búsqueda de una vida y muerte dignas.

Denuncias, pero también propuestas

La constante fue la denuncia, por el avasallamiento a las lenguas y culturas primitivas, por la imposición de formas de vida destructoras del medio ambiente y de alimentos dañinos para la salud, por la falta de tierras, las malas condiciones de vida, y el racismo. De las ponencias de indígenas, las que contaron con más participación y fueron más aplaudidas fueron las de Rigoberta Menchú (guatemalteca ganadora del premio nobel de la Paz ) quien entre cosas sentenció que “el mundo no necesita armas, sino que precisa comida"; y, la de Evo Morales, quien -entre otras cosas- celebró la resolución de las NN.UU. que declara al agua como un Derecho Humano, diciendo que "ya no se podrá tomar como mercancía a un derecho básico para todas las personas". No obstante, en las cientos de actividades del Foro, hubo numerosas participaciones trascendentes de representantes de diversas organizaciones sociales y pueblos de nuestra región.

Una de las mesas más concurridas fue la del “Rol histórico del movimiento indígena campesino de Bolivia”, en la que representantes de diversas organizaciones presentaron sus visiones e interpretaciones; allí un miembro de la confederación indígena boliviana CONAMAQ (Lino), fue claro al expresar que “decían que la independencia era para liberarnos, pero esa liberación no era para el indígena, y ni siquiera participamos en la redacción de las constituciones” y propuso que no esperemos que el gobierno solucione nuestros problemas, sino que “desde abajo deben nacer nuestras propuestas y soluciones”. Así mismo, resaltó la importancia de la participación de los indígenas en la redacción de la actual constitución boliviana, en la cual se les “reconocen sus derechos, sus saberes históricos como pueblos originarios, pluriculturalidad, territorios y diversidad; pues somos un estado plurinacional” (como indica el texto). Por su parte, Pablo Luna, de la Confederación de Trabajadores de Bolivia, propuso que los indígenas tengan su propia educación, “borrar la educación colonial, la que esconde nuestra historia, la verdadera”, denunció que “nos alimentamos con comida chatarra, como Coca Cola y pollo, que ni sus dueños extranjeros consumen, pues prefieren chatarra de sus países”.

En el mismo panel, Lorenzo, de la Asociación de Vecinos de Santa Cruz, denunció que antes ni siquiera les dejaban entrar a ciertas plazas, “controladas por grupos fascistas y racistas”. Así mismo, el representante del Movimiento Sin Tierra, Erwin, manifestó que no sólo desean acceder a la tierra, sino “también a buenas condiciones de vida, para usar apropiadamente la tierra, respetándola”.

Por su parte, Alba Duarte, coordinadora del Movimiento Pueblos Originarios Urbanos de Asunción, logró más de un aplauso por su presentación junto a otros representantes de la Dirección de Educación Indígena del Ministerio de Educación y Cultura (Paraguay); manifestó entre otras cosas que “el estado debería garantizar el derecho de los indígenas a las tierras ancestrales, a la recuperación”, para lo cual es un “desafío construir una identidad y valores comunes para pasar de minorías políticas al reconocimiento de nuestra colectividad”, “juntarnos para exigir nuestros derechos”. La misma ponente recordó el reciente intento de desalojo en Itakyry (al este del país) por parte de terratenientes sojeros, a pesar del “título de propiedad nuestro, ante el cual antepusieron otra título de origen dudoso” y recurrieron a la “fumigación directa con agrotóxicos a 200 pobladores”. También, criticó la “masacre del monte, la contaminación de la tierra, aire y acuífero; condenándonos a enfermedades y muertes, destruyendo el espacio vital de los indígenas, dueños legítimos del territorio”. Exigió al estado paraguayo, a los tres poderes, gobernar con la participación de los pueblos indígenas, “consulta, participación y consentimiento previo” principalmente antes de realizar grandes obras; y, señaló como ejemplo el caso de indígenas guaraníes que habrían sido desalojados para construirse la represa hidroeléctrica de Itaipú, pero hasta hoy en día no han sido indemnizados. Por supuesto, no podían faltar la denuncia ante la situación de los niños indígenas en la calle, quienes “pasan frío, calor, desprecios y toda clase de males, como la existencia de gente inescrupulosa que les vende esa porquería para oler” (cola de zapatero). Al final, consultada sobre el casi nulo acceso de los indígenas en la universidad paraguaya (a pesar de la existencia de cupos de ingreso directo y sin examen a la Universidad Nacional de Asunción), explicó que el principal problema es la falta de recursos y de residencias estudiantiles, y que aún son incipientes las ideas para revertir esto.

Se insistió en la necesidad de respeto a la Madre Tierra y a sus derechos, de respeto a la salud y la vida de las personas. En esta línea, uno de los debates fue sobre: “Los impactos de los proyectos mineros en las vidas de las mujeres indígenas de Guatemala, Perú y Bolivia”. En el mismo, los indígenas reclamaron la necesidad de recurrir a consultas populares ante de emprender megaproyectos, actividades de alto impacto ambiental o que les afecten directamente; indicando que ni las propias autoridades indígenas deben decidir en nombre de todos. Denunciaron como consecuencias de la minería en sus países: el daño a la salud, aumento de las malformaciones, recurrencia de enfermedades y extrañezas en el mundo animal. La señora Nautila (Guatemala), criticó que junto a las mineras proliferan las cantinas (venta del alcohol), casas de prostitución y violencia intrafamiliar; además de la “explotación a las mujeres, con largas horas de trabajo, o contratándote pera ser cocinera o limpiadora, pero exigiéndote luego también servicio sexual”. Por su parte, Lourdes, de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas del Perú, denunció la trata de mujeres de 12 a 15 años, "que son llevadas supuestamente para trabajar pero son explotadas sexualmente", que “el impacto de las transnacionales en el ambiente es brutal, se produce migración de las ciudades y esto trae un fuerte choque cultural”, y que “nos consideran terroristas por bloquear las calles para protestar, pero nos quitan la tierra, nos contaminan el agua, nuestros niños consumen plomo y nacen criaturas enfermas; y, nosotros simplemente queremos vivir donde hemos estado desde hace tantos años”. Finalmente, llamó a “no votar por quien te da un kilo de arroz, sino pensando en una vida digna, sino para nosotros, al menos para nuestros hijos”.

Así, el domingo 15 de agosto culminaron cinco días de diálogos, encuentros, intercambio de experiencias e historia; junto a miles de activistas de todo el continente. Una experiencia enriquecedora desde todo punta de vista, y a pesar del olvido casi olímpico que hicieron algunos medios de prensa paraguayos al Foro (¿será que temen sean afectados ciertos interese$?). Jornadas en las cuales los indígenas no solo resaltaron como vendedores de artesanías, sino principalmente como portadores de culturas milenarias, cargados de experiencias, símbolos y colores (como la wiphala o bandera a colores de la plurinacionalidad indígena, los ponchos y las vestimentas tradicionales), Nos demostraron que tenemos mucho que aprender de ellos, que son tan o más capaces que personas de otros grupos culturales, y que el racismo es un sin sentido aún vigente, que sigue llenando de heridas a Abya Yala (concepto indígena equivalente al español “América”).